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Lunes 17 de febrero, 2014 por admin
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Fotografía por Pablo Gerson (Estudio X).

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Compartimos la entrevista que realizó Florencia Rodríguez a Iñaki Ábalos, arquitecto español y nuevo Chair de Arquitectura en la Graduate School of Design de Harvard, publicada en PLOT 16 (Diciembre/ Enero 2013-2014). En su encuentro conversaron sobre el papel y estado de la crítica de arquitectura en la actualidad, su trayectoria académica y la experiencia de su estudio junto a Renata Senkiewicz en Sociópolis. Además de la entrevista, publicamos en detalle los proyectos Centro de Ocio de Azuqueca de Henares, Parque Urbano Logroño y Torre solar del estudio Ábalos + Senkiewicz.

Florencia Rodríguez: Me gustaría empezar conversando sobre cosas generales, tales como cuándo establecieron definitivamente la práctica con Renata (Stenkiewicz) y cómo es el cambio de este tiempo en el que se instalaron en Cambridge debido a tu nombramiento como Chair de Arquitectura en el GSD de Harvard.

Iñaki Ábalos: Formamos la sociedad el 1° de enero de 2006 y empezamos a trabajar sistemáticamente desde entonces como una sociedad SLP (Sociedad Limitada Profesional). Como sabes seguramente, Renata entró en mi anterior estudio (Ábalos y Herreros [1]) en 2001 y trabajó durante cuatro años en carácter de asociada, firmando los proyectos principales del estudio.

Trabajábamos codo a codo, ella y yo…y sucedió algo curioso. La gente espera que luego se produzca un gran cambio que para nosotros era imposible: o nos disfrazábamos de lagarterana [2] o continuábamos con lo que ya estábamos haciendo. Uno evoluciona, pero no porque su firma cambie de nombre.

Cambiamos luego de sede en Madrid, porque teníamos una oficina demasiado grande para la cantidad de trabajo existente (producto de la crisis),y, a la vez, abrimos otra aquí en Cambridge. Actualmente estamos trabajando entre las dos en paralelo, básicamente gracias a skype.

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Renata Stenkiewicz e Iñaki Ábalos. Fotografía por Pablo Gerson (Estudio X).
Centro de Ocio de Azuqueca de Henares. Fotografía por José Hevia.

FR: Por otro lado, en 2006, los encargos internacionales estaban empezando a crecer para ustedes, si no me equivoco. ¿Cómo los afectó el cambio?¿Y cómo impactó esa proyección internacional en la modalidad de trabajo? En algún momento, tu trabajo con Juan Herreros comenzó a ser leído desde afuera como la nueva arquitectura española, y esa arquitectura empezó a tener unos matices de conversación con el mundo mucho más fuertes.

IA: Sabíamos perfectamente que el cambio de firma implicaba romper con una cadena de proyección internacional y que iba a ser muy complicado reconstruir una credibilidad con otro nombre. Fue una decisión absolutamente anticomercial. Habíamos conseguido participar de algunos de los concursos más importantes,en los que quedamos muy bien posicionados, pero el cambio era absolutamente necesario. Estaba trabajando de una forma muy esquizofrénica, aceptábamos todos los trabajos, estábamos copiándonos a nosotros mismos, y yo empecé a pensar que eso era literalmente lo que nunca había querido hacer. Entonces tomamos una decisión con cierta tranquilidad, “vamos a ir paso a paso”, a construir un nuevo dossier y recuperar la credibilidad con el paso del tiempo… Y ha sido así.

Ahora, creo que volvemos a tener un nombre, y que gracias a que nos concentramos más en el diseño, en lo creativo y lo conceptual, al mismo tiempo que en la supervisión de obra, hemos conseguido que todo lo que estamos haciendo y construyendo tenga una proyección. No hay serie B.

Es decir que estamos casi al 100% en exposición pública.

FR: Uso tus libros en mis clases. Reúnen textos muy paradigmáticos. Resalta en ellos este vínculo entre la teoría y la práctica muy concreta , así como a la vez con la pedagogía –de hecho en algunos casos está claramente manifiesto–. ¿Te parece que estas cosas son necesariamente complementarias? ¿Definen algo que hace a tu práctica personal? ¿De qué manera funciona?

IA: No creo que sean necesarias para todo el mundo, ¡porque sería horrible para los libreros! Siempre he planteado mi práctica así, y para mí es necesario para crecer intelectualmente y para desarrollar los proyectos. Es una especie de gimnasia.

Estos libros son muy autobiográficos. Mis intereses coinciden con las áreas de conocimiento que empiezan a interesarme y de las que desconozco todo al principio. Entonces utilizo, de algún modo, a los alumnos como un compromiso para ir aprendiendo. Tengo que estudiar para que no me consuma la rutina del día a día del estudio. Si no te comprometes a dar unas clases cada quince días lo abandonas, ¿no? Es una técnica para adquirir nuevos conocimientos y para ampliar mi visión de la arquitectura e intentar comprender también, en alguna medida, la herencia moderna y cómo entenderla más allá de cómo se nos ha presentado o cómo nos la han vendido. Esta especie de filtro crítico, subjetivo, se presenta en formato de ensayos. Dicho formato es académico porque todos los libros que he escrito responden exactamente a mis clases. Los capítulos tienen la duración de una clase de una hora: es literalmente eso, clases.

FR: En relación a eso, y esto tiene que ver con mis propios intereses y con una pregunta que reiteramos en varias entrevistas, ¿cuál es el rol de la teoría hoy? Durante los años ochenta y noventa hubo una superexplosión de textos e ideas, y en la década pasada parece haber habido un silencio que a veces es leído como un fracaso de la teoría o como un paso al “hacer” mucho más concreto. Hoy, me parece que hay una reevaluación de algunas ideas y una transformación sobre ellas que parece evidenciarse de distintas formas. Esto se ve desde otros textos, desde el cambio de algunas palabras, tal como el abandono de la fenomenología pasando a nociones de experiencia, percepciones o apropiaciones, o las ideas con las que estás trabajando en relación a la termodinámica y demás…

IA: Para empezar, hay una diferencia muy grande entre un arquitecto practicando y ser un puro teórico o un crítico. Por ejemplo, cuando escribía en El País, me pedían artículos críticos y les decía “yo no estoy aquí para meterme con Zaha Hadid o con quien sea”, no puedo y no debo, porque es ridículo. Lo único que va a pensar todo el mundo es “vaya envidia que tiene este tonto”. Yo estaba para ayudar a ver cosas que a lo mejor no se veían de gente que me interesaba, y mi compromiso era con ellos. Claro, mi compromiso y el de cualquiera que tenga sentido común y que esté ejerciendo profesionalmente, porque no se puede criticar a tus compañeros que luego te la van a devolver.

Puedo hablar desde mi punto de vista. Hace pocos días estaba comentando sobre cuando vino Tafuri a Madrid, era como un popstar. Llenó el auditorio durante tres días consecutivos, con la gente sentada hasta en el suelo, ¡hasta hubo que cambiar el auditorio por uno más grande! Hoy se lo cuentas a cualquier historiador o crítico y no lo creen. Tafuri un día hablaba del renacimiento español y otro del socialismo, la gente lo quería tocar… era verdadera idolatría.

Esta situación ha cambiado. Hubo una inflación, creo que la cultura americana en gran medida se intoxicó de teoría. Y vino una nueva generación a la que modestamente contribuí, donde estaban Stan Allen, Alejandro Zaera Polo, Jesse Reiser y otra gente que luego ha demostrado sus vínculos con la práctica o su interés en ella. Estábamos intentando desviar el foco de este mundo analítico anglo-francés al mundo del pragmatismo americano, que es una forma de revisar qué sentido tiene lo que hacemos, o sea de poner en relación la práctica y la teoría.

Pensábamos que ese cambio era claramente bueno y positivo… Pero el resultado, aunque no por nuestra acción sino por un fenómeno social más global, fue la desertización de la crítica casi absoluta. Nos dejó un poco patidifusos, en el sentido de que no era en lo absoluto nuestra intención ni nuestra perspectiva, sino de reconducir el debate y no dar tanta credibilidad a los debates internos de los filósofos. Pero no esperábamos esta especie de rendición total a la fascinación absoluta de Peter Eisenman por cada filósofo que venía de París.

¿Cómo lo veo ahora? Si tú pasas por el GSD un lunes a las 8:30 de la mañana y ves las clases de historia de Erika Naginski y Michael Haysrepletas de alumnos, no te digo que parecen unos superstar, pero sí algún grupo indie emergente en un club. Hay realmente un interés, pues los historiadores también han cambiado su modo de operar. La crítica y la historia empiezan a deslizarse a una forma menos académica, e interactúan más con las inquietudes actuales de la gente. Desde mi punto de vista el problema es cómo se enseña la historia y qué papel quieren tener los historiadores. Hubo un momento que solo querían tener un papel de exagerado rigor académico y se distanciaron muchísimo de la gente. Hoy en día, explicar a Borromini y ponerlo en el presente y obligar a los alumnos a hacer ejercicios con sus elementos, por ejemplo, me parece una forma de meter en la cabeza de los alumnos que la profesión vive siempre en un presente continuo, que la historia está presente, desde las cuevas primitivas hasta la última vivienda: ahí hay un territorio interesante.

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Centro de Ocio de Azuqueca de Henares. Fotografía por José Hevia.

FR: Y en ese plano, y en relación a lo que mencionabas sobre el pragmatismo, otra pregunta que me planteo es: ¿la crítica tiene que ser útil?

IA: La operativa, la crítica a la crítica útil de Tafuri, volvemos a Tafuri.

FR: No me refiero a que sea operativa, pienso que son cosas distintas.

IA: Bueno, pero él criticó mucho esa instrumentalización del crítico. No creo que tenga que ser ni útil ni inútil, lo que creo es que, desde la perspectiva de un profesional, no tiene que ser una crítica moralista porque es ridícula. Mucha crítica contemporánea que no es verdaderamente profesional da lecciones de moralina burguesa de tercera a los arquitectos, y eso es ridículo. Somos adultos y no necesitamos collejas [3]. Creo que las dos modalidades son necesarias. Me parece que la crítica ejercida por un arquitecto en ejercicio tiene que estar dirigida a una praxis. Uno no tiene esa esquizofrenia de pensar la crítica independientemente de su práctica. Pero ejercida por alguien que sea arquitecto, historiador o lo que sea que haya elegido voluntariamente para distanciarse, me parece que lo lógico es que tenga una posición independiente o que se proyecte desde otros argumentos que los que están en uso entre los arquitectos, lógicamente. Creo que las dos, y los diálogos entre ambas, son interesantísimos.

FR: Hay algunas etapas diferentes en la práctica del estudio. Eso se puede ver y tus intereses personales aparecen representados en ellas de alguna manera como lo es esta interpretación del haz de relaciones que hace a un producto arquitectónico o del paisaje. ¿De qué manera sentís que fueron afectando esas cosas a ciertos proyectos? Cuando veo los proyectos que vamos a publicar, como el Centro de Ocio en Azuqueca de Henares, la Torre Solar o el parque Logroño, hay estrategias muy diferentes, incluso en oposición en algún caso…

IA: Depende de cómo leas los proyectos, serán más o menos distintos. Si los lees estilísticamente son muy distintos, son opuestos, de hecho yo diría que son casi una lección de geometría básica, el rectángulo, el círculo y el triángulo. Si lo lees como patterns, cada proyecto está basado en un patrón distinto y en explorarlo en el espacio de forma diferente, en plano o en vertical o en una forma más orgánica. Sin embargo, si los miras de una forma un poco más holística y te olvidas de la materialidad o las figuras o las formas, tienen un interés bastante cruzado entre lo que es la organización interior del espacio, la expansión de la arquitectura al medio público y cómo hacer que el edificio no sea simplemente un objeto ensimismado sino que establezca todo tipo de tentáculos con la ciudad, desde los puramente visuales de la torre hasta los de las terrazas que expanden el jardín. Esa idea ya tiene mucho tiempo y es central en nuestro trabajo: la de operar simultáneamente en tres disciplinas tradicionales tales como el paisajismo, los aspectos medioambientales y los aspectos puramente de la arquitectura tradicional, tectónicos. Eso es la infraestructura de casi todos los proyectos que hacemos. Luego sobre esto hay menores y mayores énfasis. Desde luego, en la primera época habría más énfasis en un uso riguroso de la técnica y aún hoy cuando tenemos un proyecto con muy poco dinero como el Centro de Ocio, ese aspecto es preeminente porque no puede ser de otra forma.

Luego nos interesaron más los temas de paisaje. Sucedió exactamente cuando llegó Renata al estudio, que siempre ha tenido un claro interés por estos aspectos, pudimos trabajar en estos temas y forzamos la máquina en concursos para trabajar en este ámbito.

Ahora la idea, a lo mejor muy ambiciosa o muy tonta, no sé, es la de deconstruir todo el edificio de la “sostenibilidad” y construir uno mucho más interesante para la arquitectura. Por eso utilizamos el término termodinámica, que puede quedar muy ampuloso pero que ha sido clave en evitar que estos temas estén en los rincones de las universidades, en los rincones de los especialistas y sean temas de los arquitectos, inclusive. Parece una tontería, pero es un cambio de léxico que tiene mucho sentido. En esto es en lo que estamos más concentrados, y se nota significativamente en los últimos proyectos.

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Centro de Ocio de Azuqueca de Henares. Fotografía por José Hevia.

FR: ¿Cómo ves en ese sentido la experiencia de Sociópolis [4]?

IA: Sociópolis es una experiencia singular. En Sociópolis, y es gracioso que me lo preguntes así a bocajarro [5], hicimos un primer proyecto para el Centro de Ocio, o sea la primera propuesta, que se publicó en un librito.

Mientras todo el mundo hacía edificios con forma de tortuga o de qué sé yo, dije “solo quiero hacer un edificio bajito”. Si estamos hablando de interrelación entre huerta y ciudad tiene que haber edificios-granja que se expandan por el suelo y que establezcan un modelo social. Entonces nosotros propusimos una cosa que es bien interesante, la mezcla de un centro de juventud con un centro de ancianos para gestionar una huerta y que pudieran ayudarse mutuamente. Eran dos edificios que estaban juntos y entre medio estaba la expansión de la huerta y los dos eran esta especie de laberinto de habitaciones que luego se consolidó en el Centro de Ocio en Azuqueca de Henares.

Luego, recuerdo un momento en el que vimos las viviendas de protección oficial que Vicente Guallart le había encargado desarrollar a Greg Lynn (quien evidentemente no solo no tiene la cultura del bloque de viviendas sino que no tienen ninguna cultura de la vivienda social) y era francamente patético ver a Greg Lynn meter la pata en cada raya que estaba dibujando allí, desde la perspectiva de alguien que tiene conocimiento de lo que significa una vivienda social. Tanto (Josep Lluis) Mateo como nosotros le preguntamos a Vicente por qué no encargaba las viviendas sociales a los arquitectos españoles que ya estaban allí. En realidad era una necesidad a pesar de que “cobras menos, trabajas el triple y encima te riñe todo el mundo, es un lío casi imposible resolver”. Así se hizo, y gracias a este acto de generosidad, que no es habitual, ni en los demás ni en mí como profesional, pues acabó siendo la única torre que se ha construido, porque llegó la crisis, pero las subvenciones públicas a las viviendas públicas se han mantenido hasta la fecha con subvenciones de hasta el 75% del coste, y por lo tanto era mucho menos riesgoso que una empresa se la adjudicara y la construyese. Hubo que hacer varias veces el proyecto para adaptarlo a nuevas normativas, pero sustancialmente es el original.

Entonces ¿qué es lo que me parece Sociópolis? Creo que es un proyecto muy ambicioso, demasiado idealista y basado en eslóganes de powerpoints, por decirlo de una forma genérica. Muy poco sustentado en problemas políticos y sociales como la propiedad del suelo, la gestión de los recursos hídricos. Me parece que hay una falta de precisión y sobre todo, aunque es fácil decirlo, de visión a mediano y largo plazo, porque las ondas económicas son así y habría que haber sido capaz de entender cómo se podría gestionar en tiempos de crisis.

Recuerdo haber visitado La Defense hace muchos años atrás y tristemente no había ni una sola piedra del suelo que no estuviera rota, y aquello era un desierto patético. Hoy a La Defense todo el mundo la entiende como un gran éxito, pero hubo veinte años en los que fue la operación más absurda de la historia de Europa. El tiempo colabora con los procesos de urbanización pero tienen que pasar por varios ciclos para consolidarse, y yo espero que Sociópolis acabe siendo un barrio ejemplar de la ciudad. No pierdo la esperanza, no.

FR: En cuanto a las decisiones sobre el edificio, me gustaría que me expliques porqué estas viviendas, con su forma y materialidad, hablan de un carácter muy particular con una idea de monumentalidad que uno no lo vincula inmediatamente con la vivienda social.

IA: Como sabes, el dibujo original, yo lo he contado muchas veces, surge un domingo por la mañana: ¿qué pasaría si mezclásemos (si hiciésemos un Frankenstein) con los dos mejores edificios de Francisco Javier Sáenz de Oiza? Arrancar con el banco de Bilbao y acabar con Torres Blancas. Yo recuerdo que hice un croquis y pensé: ¡es interesante! Porque tiene muchísimas implicaciones estructurales, de ventilación, de todo tipo, entonces me pareció que podía ser más interesante que uno u otro, el morphing este ¿no?

No quería hacer una cosa calvinista, seria, rigurosa, triste y fea, solo porque es vivienda social. Entonces dijimos ¿por qué no intentamos darle un carácter un poco más burgués? Yo he empleado para este proyecto la expresión “torre burguesa” pensando en que la gente no señale allí y diga “ahí están los pobres” y los demás vecinos son los hippies maravillosos del siglo XXI.

Se hizo esta versión y nos gustó, por muchos motivos, pero sobre todo porque permitió una gran variedad tipológica. En tipos de vivienda no hay mucha variedad en el mercado; se dividen en departamentos de tres, dos y un dormitorio. Es todo lo que se ofrece hoy en día. Siempre hemos pensado que la vivienda de 70 u 80 m2con dos dormitorios es un estándar universal que demanda atención.

Todo el mundo vive en el mismo espacio, es impresionante. Hay más uniformidad que en IKEA. Tú ves las plantas chinas y tienen lo mismo que las españolas: el cuarto de baño, el dormitorio, el aseíto, la cocina más o menos conectada con el salón, el dormitorio principal, el otro dormitorio, asociado o separado. Hay poquísimas variantes y la diferencia está en el detalle, la diferencia es cualitativa. De hecho, un sociólogo español que estudió porqué la gente elige comprar una casa y no otra, me contó que la decisión última es exactamente igual al impulso que nos da cuando llegamos a la caja a pagar: ves allí una chocolatina, un chicle o caramelo… y ¡PUM! lo tomas por impulso.

Ese impulso se relaciona con las sensaciones vividas cuando visitas una casa. Siempre comento esto: si visitas una casa con un atardecer bonito justo cuando está sucediendo la puesta del sol la compras, sin darte cuenta que es un poniente que vas a sufrir debido al calor…simplemente te gustó ese momento.

Este factor es muy importante, porque el producto es casi idéntico a muchos otros, entonces la diferencia es clave. En nuestro proyecto la diferencia es la geometría: un salón redondo, un dormitorio redondo, bueno… es una tontería, pero al mismo tiempo no lo es. Dignifica la vivienda y dignifica el hecho de vivir en una vivienda social, ese es el argumento principal. Lo demás es técnico: lo más barato que se pudiera construir con la mejor respuesta. De hecho, gracias a este sistema constructivo hemos conseguido abaratar los costos, y no solo eso, sino también que la subvención aumentara porque la calificación energética ha sido mayor que la esperada. La empresa constructora y promotora estaba encantada y todo el mundo feliz. No hay una especie de manifiesto matérico, no creo que se pueda hacer… Bueno, tal vez sí hay algo de manifiesto matérico si quieres, tal como en los productos contemporáneos que a veces son más flexibles que los tradicionales para llegar a geometrías más complejas. Si quieres eso podría ser, pero nada más.

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Parque urbano Logroño. Fotografía por José Hevia.

FR: En el Centro de Ocio se ve esta intención de desparramarse por el territorio, de abrir patios, de interpenetración entre las cosas en la planta y en el corte. De hecho el corte a mí me parece un momento bellísimo del proyecto. Este trabaja sobre algo que tal vez suene muy obvio, pero que me interesa mucho en este momento, y es el vínculo entre paisaje y arquitectura, o más bien la disolución de esta idea de una disciplina cerrada tal como mencionabas hace un rato cuando hablabas de estas tres cosas que hacen a la arquitectura. ¿Querrías contarme un poco sobre eso?

IA: Ese es el objetivo… Efectivamente, había precedentes como el que te acabo de contar de Sociópolis, y también proviene de la lectura del clima del lugar. Uno estudia las horas de confort en el exterior, que en Madrid o en Azuqueca son muchísimas, exactamente las mismas. Por eso la vida social está tan ligada al espacio público. Hay otras ciudades mediterráneas que parecen ser confortables, sin embargo acabas agotado y llegas al hotel empapado de sudor. Esto no pasa en Madrid.

En estas latitudes, el ocio se produce siempre en esa interfaz entre exterior e interior. Entonces, la idea de mezclar, de hacer habitaciones y patios y terrazas viene sola. Teniendo poco dinero es mucho más barato hacer una terraza y puedes conseguir más diversidad de actividades y de interacción social.

Muchas veces esta idea se interpreta como una especie de disolución de la arquitectura. Nunca he sentido la sensación de que una geometría más orgánica invite a una mayor experiencia del espacio. Yo creo que hay que estudiar bien las sombras, el agua. La vegetación en un clima como el de Madrid, los grandes voladizos hacen que las ganancias térmicas del invierno las pierdas; a veces es mucho mejor un toldo, sobre todo si quieres ahorrar dinero en el edificio. Entonces se pueden tomar decisiones muy simples tales como darle mucha altura para aumentar el volumen, o manipular a través de los árboles y los toldos el principal recurso energético: la radiación. Esta, captada sobre vidrio a lo largo del invierno, una terracita con vegetación y agua y toldos fueron los tres elementos que había que combinar para garantizar el funcionamiento del proyecto. Participamos del concurso, lo ganamos y lo hicimos sin asesoría de nadie porque teníamos clarísimo lo que queríamos, porque ya se había ensayado y llevábamos tiempo con esta idea del laberinto de habitaciones. Cuando hicimos el proyecto trabajamos con físicos, concretamente con Cener, una empresa de Pamplona, y modelizamos físicamente el edificio completo. Estudiamos toda la geotermia, la posibilidad de usar un fotovoltaico (que finalmente se puso, pero cuando ya no era rentable en España…). Luego de estos estudios lo único que tuvimos que cambiar fueron las proporciones de vidrio, quitar un 20% de vidrio al norte y abrimos algunos sistemas de ventilación más. Tuvimos más cuidado en el aislamiento de la cubierta vegetal para reducir las ganancias. Pensábamos que una cubierta vegetal sin mantenimiento era un aislante suficiente, pero claro, sin mantenimiento apenas tiene tierra, entonces escasamente tendría aislamiento. Finalmente se le agregó una capita de aislamiento artificial. Si haces una cubierta con mantenimiento, hay que mantenerla, hay que regarla, y es una especie de loop del que no sales.

Hicimos algunos ajustes, pero esta manera de trabajar, y esto es una cosa en la que me gusta insistir, solo funciona si tienes una aproximación holística a temas termodinámicos y los tienes desde el primer minuto metidos en la cabeza: cómo va a operar el edificio y qué es lo que tiene sentido en la introducción de ciertos mecanismos en el diseño del proyecto. Al final siempre hay un experto que te afina el instrumento, pero el instrumento lo has hecho tú. Y este es un caso muy claro.

FR: Me hablabas de que hay dos situaciones. Por un lado está el vínculo con gente como Stan Allen y Jesse Reiser: hay allí un cambio que está simbolizado como “el cambio” paradigmático de la arquitectura, disciplinariamente muy fuerte, y que tiene que ver con los nuevos medios y con una nueva escena. Por otro, en este momento aparece el tema de la sostenibilidad, casi superponiéndose. Me gusta ese límite que ponés cuando decís “saquemos esa palabra porque en realidad debería tratarse de otra cosa”. Creo que en la arquitectura que ustedes hacen todo esto es una ganancia de alguna manera orgánica, es decir, sin forzamientos. No hay una propaganda de ninguna de estas cosas y eso me resulta interesante. ¿Creés que en este momento, y, sumado a la  crisis española, hay algo que esté transformando notablemente este conocimiento disciplinar?

IA: En un principio se tendía a ver desde fuera como distintas formas de aproximar a la arquitectura. Por ejemplo, la que nosotros traíamos a la academia americana era muy técnica y muy matérica, no matérico fenomenológico pero matérica técnica, vamos a decirlo así, y la forma en que se estaba enseñando en Columbia era distinta. Yo, Stan (Allen) y la gente que realmente tenía sentido común que estaba entonces aquí, decíamos: “Nosotros ponemos el énfasis térmico en las técnicas constructivas y vosotros en las técnicas proyectuales, pero el énfasis es el mismo; a mí me interesa lo que tú haces y a ti te interesa lo que yo hago, y eso ya es un signo de que no hay tanta diferencia”.

Aquella comprensión o idealización del computer como una liberación formal, una orgía, está derivando hacia lo que nosotros vaticinábamos: ¿qué es un ordenador? Un instrumento de conocimiento, un salto cualitativo en la forma de conocer los datos y de manipularlos y la geometría, sin lugar a dudas. Sin embargo nadie ha hecho geometrías más complejas que Borromini, y solo tenía un lápiz y un papel, no tenía ni Autocad, ni Rhino, ni Illustrator, no tenía nada.

Entonces, esa libertad formal que es un cuento, una fantasía de James Bond que alguien se ha creado… Entre lo que construimos ahora y la precisión, la elegancia, la complejidad constructiva, formal, material y lumínica de una catedral gótica hay años luz. Es decir, no se puede leer así el computer, como un proveedor de programas gráficos mágicos. Sin embargo, en lo que sí se ha avanzado es en redefinir los aspectos técnicos. Cuando antes teníamos que confiar exclusivamente en la intuición, ahora se puede trabajar algorítmicamente, paramétricamente si quieres, con parámetros, con fórmulas… y esto puede dar lugar a una precisión mayor. Este es el uso en el que las técnicas constructivas y las técnicas proyectuales están confluyendo, y lo veo clarísimo. La utilización de esta palabra amplia, que es termodinámica, está muy ligada a la confluencia que se da en todos los territorios culturales, la unificación de léxicos y de objetivos en algo que más o menos se puede llamar la vida, por eso tú lo llamas orgánico… Claro, orgánico tiene unas connotaciones en el uso en la arquitectura que siempre hay que emplearlo con mucha prudencia, pero es cierto, es una confluencia orgánica de una u otra forma.

Esa es la forma en la que entiendo cómo están desarrollándose las cosas, y creo que es buena.

FR: La arquitectura tiene esos momentos en los que quiere hacer desaparecer a la historia, y otros momentos de reconciliación con ella pero de distintas maneras. Pensaba en tu cita a Borromini. En una clase de hace poco, Erika Naginski dijo algo que me gustó mucho. Estaba hablando del Medioevo, de todo este tipo de arquitecturas que recién mencionabas como las catedrales góticas, esa técnica que era desde abajo y que no dependía de una estructura disciplinar, y decía que en esos tiempos la técnica alcanzaba solamente para hacer lo que se necesitaba. Entonces había un vínculo con la utopía que es muy distinto a la idealización hoy. Hoy la técnica parece sobrepasar lo necesario e incluso los deseos. Es al revés: todo lo que imagino, voy a poder hacerlo…

Antes era una limitación y el rol del pensamiento que guiaba las transformaciones tenía que ver con ir resolviendo qué podía hacer para traer esa técnica de algún modo hacia acá. Quizás resulte un poco romántica la pregunta sobre este pensamiento, pero con todo este desarrollo, ¿hay un lugar para la utopía hoy? ¿Tiene que ser parte de la enseñanza? ¿En la pedagogía hay un espacio para el “hacia dónde” o estamos más en el puro presente?

IA: No sé… con la utopía he tenido una relación difícil porque no me ha interesado mucho pero me fascina esa gente que se pone a construir una comunidad en el desierto de Arizona, como Paolo Soleri. Cuando veo gente que es capaz de entregar su vida a una causa me parece simplemente arrebatador. No puedo ni criticar ni nada.

Cuanto más pragmatismo existe en el medio disciplinar, más necesaria es la utopía para contrarrestar el dogmatismo o la certidumbre. En ese sentido, cumple un rol importantísimo incluso desde el punto de vista de alguien que está más cerca del pragmatismo, como… “tranquilo chaval,  hay otros mundos y están en este”, y son verdaderamente inspiradores.

También la utopía ha pasado a ser realizable en una o dos generaciones. En Archigram se basa todo el negocio del Hi-Tech inglés como Rogers, Foster, etc. Realmente tú ves los dibujos de Archigram, que eran pura iluminación, no sé si ayudados o no de sustancias tóxicas pero lo parece, y ves ahora esto otro y es puro marketing. ¿Qué ha pasado? Del año 1968 hasta el 2000, en una generación la instrumentalización de las utopías es otro aspecto interesante.

También están las utopías negativas, como las de Andrea Branzi. Ves esos dibujos y las ciudades chinas y francamente se parecen mucho. Y la precisión de Andrea Branzi diciendo que la ciudad se reduce al ciclo de producción-consumo, a un bucle cerrado no podía ser más cierta, visto desde la perspectiva actual. Y sin embargo los dibujos de Branzi tienen una gran belleza…

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Torre Solar. Fotografía por José Hevia.

FR: Y para cerrar uniendo esto con lo que conversábamos al inicio… ¿hacia dónde creés que deba dirigirse el pensamiento disciplinar hoy?

IA: En primer lugar, creo que hay que encontrar formas de crear un entorno de optimismo. Yo soy pesimista con el futuro de la arquitectura. No puede ser de otra forma. Quien lleva años en la práctica ve una decadencia peligrosísima de la figura del arquitecto tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Esa es una realidad, pero hay que crear un entorno de optimismo, que para mí está basado en el hecho de que nunca ha habido tanta necesidad de arquitectura, de más arquitectura y de mejor calidad que ahora. 250 millones de personas trasladadas del campo a la ciudad en China en doce años es semejante a decir: Europa construida en doce años. ¿Cómo se inventa esta arquitectura? ¿Cómo somos capaces de responder a ese reto? Podemos discutirlo políticamente, socialmente, pero el hecho cierto es que dentro de doce años habrá 250 millones de chinos nuevos viviendo en ciudades de segunda clase y que pasarán a ser de primera.

Hay que saber qué responder, porque ese es el problema más grande, ¿y el cambio climático? También están los movimientos migratorios por conflictos bélicos. Hay tres o cuatro problemas que nos demandan soluciones y capacidad teórica para entenderlos. Ese es el contexto en el que nos movemos.

Mi análisis de la situación es que la rendición del arquitecto, empezada en la modernidad pero especialmente desarrollada en el período posmoderno, a convertirse en un decorador de exteriores, a abandonar los interiores y reducir su rol en la fachada, a la labor de gusto y composición, es algo que tenemos que combatir con conocimiento. No vamos a invertir el proceso de decadencia de la figura si no recuperamos territorios.

Precisamente cuando nos habíamos inventado algo como la sostenibilidad, que es un invento de arquitectos comprometidos socialmente… bueno, es un debate político pero al que los arquitectos rápidamente se incorporaron y con bastante acierto. Justo cuando nos habíamos inventado algo que podía devolvernos… lo hemos entregado inmediatamente a los ingenieros como si fuésemos estúpidos y no supiésemos cómo utilizar la ventilación cruzada, o la convección o la radiación del sol para hacer que las cosas funcionen. Necesitamos conocimientos científicos y necesitamos conocimientos prácticos que nos devuelvan la autoridad.

Es patético ver a los ingenieros introducir un modelo que ha sido hecho por un arquitecto en un software para comprobar si está bien o mal, (porque ellos no pueden hacer el diseño, ni los software hacen el diseño) tiene que estar modelizado por un arquitecto.

Es patético comprobar que nos hemos entregado a una situación así en la que eres examinado por un señor que no tiene ni idea de arquitectura. Pero ese señor, delante del cliente, sea institucional o privado, tiene toda la autoridad sobre nosotros. Entonces no hemos sido capaces de entender que no había que dejar a la gente del software abandonada, había que haberse anticipado para decirles cómo desarrollar un software adaptado a las formas en las que se diseña; capaz de interactuar con el diseñador en tiempo real. En la dirección en la que se está trabajando hoy pero durante dos décadas hemos pasado el tiempo y la autoridad.

Hay muchos territorios que implican a los medios técnicos, implican a nuestra posición, a las estrategias disciplinares para recuperar el control y la autoridad a través del conocimiento. Claro, esto a los alumnos no les importa, ellos lo que quieren tener es un programa disciplinar pero el plano estratégico a mí me parece que es fundamental. El conocimiento tiene muchas ramas, pero lo que no puede ser es una rendición a un juego ensimismado o geométrico o icónico formal. Ahí la destrucción de la profesión está garantizada.

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Torre Solar. Fotografía por José Hevia.

FR: Como si los expertos fuesen todos los demás que asesoran y el arquitecto no fuese el experto en nada…

IA: Es que es muy importante ese mal posicionamiento. No tengo nada contra los expertos, pero si esos expertos estuviesen proponiendo el modelo arquitectónico para resolver el programa, sería patético el resultado que daría porque son incapaces. Entonces lo que no puede ser es que nosotros hayamos dejado de tener una intuición o una aproximación holística a los temas de termodinámica, que son críticos, y que en estos momentos conllevan una filosofía política, conllevan una cultura material. No es un tema de especialistas, sino un tema social y político, de construcción de la ciudad que sin entenderlo estratégicamente hace que parezcamos los tontos de la película. Ahí es mi énfasis en lo termodinámico; no es otro que el estratégico. No es que yo tenga una pasión científica, de hecho, como sabes, siempre pongo la palabra belleza para que nadie se equivoque: porque se puede producir belleza con esa cultura material y con esos conocimientos, y ese es el objetivo final de esta insistencia.

*Articulo publicado originalmente en PLOT 16.

[1] Ábalos & Herreros Arquitectos. Estudio fundado por Iñaki Ábalos y Juan Herreros en 1984 en Madrid. El estudio se disolvió en 2006.

[2] Vestido típico de la comunidad de Castilla-La Mancha, población de Toledo, España.

[3] Golpe dado con la mano abierta en la nuca.

[4] Sociópolis fue un proyecto iniciado por Vicente Guallart y fomentado por Generalitat Valenciana para la construcción de un nuevo modelo de barrio de viviendas accesibles o de alquileres protegidos que respondan a las necesidades de nuevas unidades familiares, como jóvenes emancipados, personas mayores, familias monoparentales, etc. El planeamiento contemplaba un entorno urbano de calidad, integrado a su vez con la agricultura siguiendo el modelo de “hortulus” mediterráneo, con grandes zonas verdes y equipamientos que estimularan la interacción social a través de arquitecturas de calidad.

http://www.guallart.com/01projects/sociopolismasterlan/default.htm

[5] A quemarropa o de improvisto.

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