Lo que a la gente le gusta
Martes 1 de noviembre, 2011por Paula Mariasch
Muchos no conocen el pasaje en el que vivo. Es una construcción de los años veinte que ocupa casi todo el centro de una de las manzanas más comerciales y transitadas de Buenos Aires, una suerte de aldea escondida en medio de la gran Ciudad. Desde mi terraza puedo ver el cartel de la estación del Ferrocarril Gral. Urquiza en silencio absoluto. También, la inmensa arboleda del parque que me separa del Cementerio de la Chacarita. En la noche de año nuevo no se vio ni un solo fuego artificial.
Esa construcción noble y homogénea fue mutando. Los departamentos comenzaron a tener propietarios, y los propietarios, sus necesidades particulares. Las fachadas son ahora un patchwork de nuevas aberturas, y la “ciudad paralela” del nivel +1, el sueño del m2 y del chalecito propio, la propia identidad.
En los ´70, el de la ferretería necesitó crecer cuatro niveles. Para compensar y complacer al consorcio, ofreció modernizar los accesos. La arcada y la reja original quedaron en una foto que exhibe él en su propio comercio.
A principios de los ´90 mi papá estrenó su casa que él mismo había diseñado, y cuando mi abuela observó el piso de cemento alisado, comentó: “Bueno, todavía te falta la cerámica, ¿no?”.






