Volver a vivir un clásico
Jueves 20 de diciembre, 2012Este diciembre Revista Pul #7 en su sección Espacios, publica la Casa Butantã de Paulo Mendes da Rocha. La vivienda es un magnífico ejemplo de arquitectura paulista, de la cual su arquitecto sigue siendo uno de los máximos exponentes.
Nombre/ Casa Butantã
Arquitecto/ Paulo Mendes da Rocha
Año/ 1964-1966
Superficie/
760 m² (área de terreno)
250 m² (área construida)
Ubicación/ São Paulo, Brasil
Buscando una casa de fin de semana para escapar del caos de San Pablo, Houssein Jarouche llegó a la conclusión de que era imposible. Pero, aún más importante, también se dio cuenta de que no era necesario. ¿Para qué intentar salir de la ciudad, soportar el tránsito y los embotellamientos, si el paraíso es posible ahí mismo y Paulo Mendes da Rocha ya lo diseñó?
Ubicada sobre una arbolada colina, la Casa Masetti es una hazaña estructural que existe impasible a su entorno, hoy rodeado de rascacielos. A pedido de su dueño original, el exitoso ingeniero civil Mário Masetti, la casa se eleva por sobre un patio y una pileta que miran al skyline paulista. Paulo Mendes da Rocha construyó esta audacia en 1969 con un simple sistema estructural: toda la casa está en un primer piso que apoya en dos grandes vigas de hormigón armado. Estas, a su vez, descansan en cuatro grandes pilares, que a su vez delimitan los espacios de la planta baja. Y, como de un avión se tratase, una escalera ligeramente separada del volumen principal conecta los dos niveles.
Jarouche –quien, dicho sea de paso, es el duelo del imperio del diseño brasilero Micasa– compró la casa a los herederos de Masetti. Más que renovarla para su nuevo uso de vivienda de fin de semana, Jarouche decidió restaurarla a su estado original. Para ello contrató a Mendes da Rocha, quien ya desde la década del cincuenta es una figura fundamental de la arquitectura paulista y, en el 2006, ganó el Premio Pritzker, máximo galardón de la arquitectura mundial.
La restauración fue simple, ya que la casa está conformada casi en su totalidad por hormigón armado. Además de limpiar la maleza que ya había empezado a invadir la casa, también se instaló un nuevo sistema de iluminación cenital en el recibidor, y se diseño una nueva carpintería para el living. El sistema permite elevar todos los vidrios y abrirse completamente al exterior gracias a un ingenioso sistemas de poleas que funcionan simplemente a gravedad. También se pintó de negro la pileta, algo que Mendes da Rocha concibió en el proyecto original, y Masetti nunca quiso. También, para placer del arquitecto, se restauraron las puertas corredizas de madera para los dormitorios, que habían sido desechadas por el dueño anterior en remplazo de un material más resistente al agua. Lo que sí no necesito ninguna reforma fue el piso de azulejos típicamente portugueses. Este tipo de cerámicos se encuentra en cualquier pueblo de provincias de Brasil y, como Mendes da Rocha dice, “mientras más camina uno en estos azulejos, más lindos se ven.”
Sin embargo, el piso es lo único lindo. El resto de la brutalista casa es cruda y dura. Tanto las cañerías de agua como la instalación eléctrica están a la vista. En los dormitorios, pequeñas capsulas de hormigón albergan los baños, donde hasta el tubo para colgar la toalla esta realizado con el mismo cobre de la instalación eléctrica.
En cuanto a la decoración interior, Jarouche fue muy selectivo de no abrumar lo existente. Y si bien la esencia de vivir en esta casa es estar en contacto con la arquitectura y el paisaje, Jarouche no se decidió exactamente por la mimésis: desde sillas Wassily de Marcel Breuer a un sofá damasco de Marcel Wanders, el eclecticismo guía la presencia de cada elemento.










